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  • Marco Antonio Rueda

Gerencia de los Sueños



El futuro de las organizaciones y el potencial de sus empleados están entrelazados; sus destinos están conectados. Una compañía sólo puede llegar a ser la mejor versión de sí misma en la medida que el personal que la dirige se esfuerce por llegar a ser la mejor versión de sí mismo. Esto es universalmente válido para las organizaciones, ya se trate de una empresa, una escuela, un gobierno, una sociedad sin ánimo de lucro o un equipo de fútbol. La empresa podrá explorar su potencial en la medida que sus gerentes y empleados exploren su potencial como individuos.


Lo cierto es que pocas personas trabajan sólo por dinero. Por supuesto, todos necesitamos dinero e indudablemente lo tenemos en cuenta en nuestras decisiones acerca de un empleo. Pero cuando se trata de inspirar a las personas y crear el tipo de entorno donde los empleados descartan la idea de abandonar su organización, hay algo mucho más poderoso —y menos costoso— que las compañías, en su mayor parte, han pasado por alto.


Si el objetivo de toda empresa es superarse a sí misma, ¿por qué no ofrecer esa misma oportunidad a todos nuestros empleados? Podemos averiguar cuáles son sus metas en la vida y, lo más importante, podemos ayudarles a conseguirlas.


El propósito de una compañía es llegar a ser la mejor versión de sí misma. La siguiente pregunta es: ¿cuál es el propósito de un empleado? Muchas personas dirían: «Ayudar a la compañía a alcanzar sus objetivos», pero estarían equivocadas. Indudablemente, ésa es una parte del papel del empleado, pero su propósito fundamental es llegar a ser la mejor versión de sí mismo. Contrariamente a lo que supone la teoría tradicional de la gestión y la práctica popular, las personas no existen para la compañía. Pero la compañía existe para las personas. Cuando una empresa olvida que su razón de ser es servir a sus clientes, rápidamente fracasa. Los empleados son nuestros primeros clientes, y nuestros clientes más influyentes


Encontrar una manera de crear un ambiente que ayude a los empleados a llegar a ser la mejor versión de sí mismos, al mismo tiempo que la compañía procura ser la mejor versión de sí misma, puede parecer algo imposible para muchos; para otros, estos objetivos suelen ser opuestos. Pero, en realidad, son sorprendente-mente complementarios.


Los incentivos económicos no siempre sirven para combatir el desencanto que tienen los empleados sobre sus empleadores. En cambio, todos tenemos algún sueño que nos gustaría ver realizado. Si asesoramos a los miembros de nuestro equipo en la búsqueda de sus sueños, ya sea en un ámbito material, creativo o emocional, el resultado será un lazo duradero y beneficioso para ambas partes. Un vínculo que sólo se consigue gracias a una fuerza invisible pero poderosa: los sueños.

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